El Ministerio de Salud confirmò que una persona de la localidad de Pilar, Pcia. de Buenos Aires, presenta signos de la enfermedad y se la esta estudiando, al mismo tiempo que se dispuso su aislamiento.
Con este caso podrian elevarse a cinco los casos de influenza A en la Argentina.
Así se informó con insistencia y ribetes de escándalo durante todo el día. Pero no se dijo ni una palabra, no se dedicó ni un mísero titular y NO SE INFORMO a la población que en la Argentina…
10 personas mueren por día de gripe común.
En lo que va del año murieron 40.000 personas por enfermedades cardiovasculares y 20.000 de cáncer (las dos principales causas de muerte).
25 niños menores de un año mueren por día.
20 personas mueren por día en accidentes transito y la Argentina se mantiene al tope entre los países de la región en este rubro.
10 personas mueren por semana del mal de Chagas Mazza y es una enfermedad curable en el 90% de los casos.
La mortalidad infantil tiene una tendencia ascendente en los últimos tres años y en la provincia de Formosa alcanza la vergonzosa cifra del 23 por mil.
La Argentina es el principal consumidor de cocaína en Latinoamérica según el último informe de la ONU y uno de los principales consumidores de tabaco.
Por Gonza
- Los malvaviscos
- El ponche
- La recámara
- El cobertizo
- La mecedora del cobertizo
- La leche malteada
- El iced tea (que chanchada)
- La Caca Cola
- La sopa Campbell
- La barbacoa
- Los frijoles
- Las donuts
- La limonada
- El thanksgiving day
- El pavo del thanksgiving day
- Lo pavos que son ellos
- La salsa de arándanos
- Halloween
- Las luncheras
- Los mustang
- El béisbol
- El futbol americano
- El apple pie
- Los buzones con una banderita roja
- El Martíni con aceituna
- El Bloody Mary
- Todos los demás cocktails asquerosos que toman
- Los condados
- Los jueces con peluca y toga
- Los jurados
- Comer sin mantel
- Los manteles rojos y blancos
- Los mugs
- Las fresas
- Las cerraduras pomo
- El fox trot
- Las barbies
- El abecedario sin ch ni ñ
- Las inchs (aunque esta es más bien una cosa de ingleses)
- Los galones (idem anterior)
- Las yardas (idem anterior y anterior)
- Las sillas Windsor (idem anterior, anterior y anterior)
- Los waffles
- Los hot cakes
- Las hamburguesas
- Las camisetas musculosas, en especial debajo de la camisa
- Los mocasines con zoquetes blancos
- Los nerds
- Los nerds con lapiceras en el bolsillo de la camisa (de manga corta) y el pelo cortado a lo milico (a la americana)
- El premio Oscar
- El premio Grammy
- Las sitcoms
- Las comedias musicales
- Los cowboys
- Vietnam
- El 11S
Después de leer todo esto, concluyo, que estos tipos, me gustan cada vez menos, que asco que son.
Publicadas por
A Cara de Perro (que ladra y no muerde)
el día
lunes, mayo 18, 2009
Por Ricky. Especial para "A Cara de Perro"
Hubo un tiempo en el que usted y yo nos encontrábamos en el colectivo.
Al pagar boleto, lo encontraba en el espejo retrovisor, entre el escudito del Rojo y la foto de Julio Sosa o la del Pato Pastoriza. Allí aparecía un banderín donde leía: “Si te quiero es porque sos…” o “Compañera usted sabe que puede contar conmigo no hasta dos o hasta diez sino contar conmigo…”
Yo no era por entonces – a mis doce o trece años – más despierto que nadie y tal vez, justamente por eso, leía poesía. Leía de todo, pero entre el todo ése (revistas, novelas, enciclopedias) lo leía a usted.
En el `74, al comenzar el secundario, encontré utilidad a sus poemas pues siempre había alguna jovencita de la cual enamorarse y a la cual persuadir. La verdad no me fue muy bien pero preferí no echarle la culpa a usted sino a mis modestas cualidades de galán en un temprano ataque de modestia, digamos en un breve momento de lucidez.
El país se inclinaba en dirección al barranco, las jovencitas, también por obra del miedo, se convertían de novias en compañeras, el amor se escapaba de las plazas y nos llevaba al cuartito del fondo, al modesto Winco, a Serrat o Almendra y, claro, a usted.
Así, lo leíamos como alimento y como contraseña, como mínimo acuerdo, como habilitación para cualquier otra cosa.
Porque también ocurrió que el invierno lo arrancó de los colectivos y las librerías y más de uno quemó en la parrilla “El cumpleaños de Juan Ángel” o “Montevideanos” junto a Marx, Walsh o Cooke, no necesito recordarlo.
Después usted se fue al exilio y yo crecí, terminé de crecer, entre tanto frío y tanta mala noticia y todavía creo que si alguna vez, con mis amigos, nos enojamos y salimos a la calle usted tuvo mucho que ver.
Cuando me enteré que volvía del exilio yo ya escribía mi propia poesía y pese a que había leído otros muchos autores y había descubierto otras literaturas lo guardaba a usted en alguna parte de mis amores o, si prefiere, junto con ellos.
Seré sincero: hasta le he perdonado que sea uruguayo. Es decir, nacido en el país de Peñarol y Nacional, rivales históricos de la Libertadores.
Después me tocó trabajar en alguna Feria del Libro y allí lo encontré firmando libros con ese gesto de abuelo bueno y paciencia envidiable.
La última vez que lo vi, usted no se enteró pues estaba en la pantalla y yo en la butaca del cine. Interpretaba a un marinero alemán, en una película que no estaba a su altura ni a la altura de su obra, pero… esas cosas también deben suceder.
Como la muerte.
Me dicen que la tristeza comenzó con la partida de su mujer, que tal vez entonces comenzó a morir. Me dicen que ya era un hombre grande. Me dan argumentos razonables.
Pero yo ya me aguanté llorar en público y ahora en mi casa, frente al teclado, puedo hacer y escribir lo que me dé la gana.
Entonces puedo no ser razonable y pensar que usted, don Mario, nos dio algunas de las mejores palabras que hemos dicho, algunos de los mejores sueños que soñamos y esta última sensación de soledad que va a tardar mucho tiempo en dejar de ser.
“Donde estés, si es que estás, si estás llegando, será una pena que no exista Dios, pero habrá otros, seguro que habrá otros dignos de recibirte…”
Mario Benedetti
Primero que todo
-Primero que todo: me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
-Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones,la gente que no deja las soluciones al azar.
-Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y que nos podemos equivocar.
-Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos produce mas que los caóticos esfuerzos individuales.
-Me gusta la gente que sabe de la importancia de la alegría.
-Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe.
-Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivoco.
-Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
-Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a estos les llamo mis amigos.
-Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
-Me gusta la gente que trabaja por resultados.
-Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Ya he dicho muchas veces, en escritos anteriores y entre quienes soportan estoicamente mis soliloquios, que estoy viejo para algunas cosas. Lo más trascendente es que ya no me considero parte de lo que se llama “la juventud”. Y tal vez hace unos años tampoco era joven, pero me parecía que sí, lo cual abonaba esa teoría de los veinte años en un rincón del corazón. Pues bien, esos veinte años están hoy acompañados por otros veintiocho, más arritmias, colesterol, glucemia, presbicia, juanetes y otros impiadosos okupas físico-químicos. La veterana trae consigo –entre otras cosas- la evocación desmedida de las bondades del pasado. Y otras que traeré al presente intentando no agregar un gramo de exageración.
Por ejemplo la de aquellos juegos y actividades que a diario compartíamos con los amiguetes de la escuela y el barrio. Primera diferencia, mis compañeros de escuela y de barrio eran los mismos. Ahora no. Ahora hay que ir a buscar a un amiguito de nuestros hijos a doscientas cuadras y llevarlo de vuelta, para lo cual recomiendo acondicionar los automóviles con merenderos, peloteros y sanitarios, pues más tiempo han de pasar arriba del auto que adentro de la casa. Porque ahora se juega adentro de las casas. Ya sé que es un quilombo todo, y que si dejás el pibe en la puerta dos minutos le afanan hasta los brackets, pero bueno, marco las diferencias. Antes no había brackets, ahora que lo pienso. Bueno, sigo. Pero hago una aclaración: me voy a referir a comparaciones entre mi infancia, cuando todos éramos clase más o menos media y todos los papás tenían trabajo, y mi vida de clase media actual, en que muchos menos lo somos, y muchos menos aún tienen laburo. Los desposeídos y expulsados no invitan ni son invitados a nada. Descartados el aire puro, los baldíos, las plazas, etc., nos quedan los domicilios pues. Y ahí se producen estos desencuentros, este amontonamiento de soledades. Nuestros niños exigen periódicamente que sus amiguitos vengan a nuestra casa, o planean arteramente y de forma extorsiva que alguno de sus amigos lo invite a la casa. En cualquier caso la situación es más o menos ésta: los niños llegan al domicilio en cuestión, hambreados, desarrapados, con las palmas de las manos símil minero, amén de mocos, catarros y demás calamidades invernales. Se sientan a la mesa, toman el control remoto de la TV y comienzan a zappear entre las múltiples propuestas infantiles que A TODA HORA asuelan el éter. Una vez conseguido el dibujito menos comprensible para el mundo adulto, proceden a engullir –generalmente con modales sumamente ordinarios- el menú establecido, que a diferencia de nuestra infancia (o por lo menos la mía) hoy es impuesto por los niños. Además se trata de menúes a la carta, porque Rodriguito no come papas ni pastas, Facu detesta todo lo que tenga apariencia de verdura, con excepción del choclo que le fascina –aunque ahora no puede comerlo porque se le quedan los granos en la ortodoncia y no trajo el cepillo “ad hoc”; Morita no come hamburguesas caseras, sòlo de cajita, y es alérgica a las flautitas; Pedrín por su parte no come carne desde el dìa que un motociclista atropelló a su ornitorrinco Tobi. Ufffffffffffffffffffffff. A medida que van terminando de cumplir con lo que hemos de llamar generosamente el almuerzo, y sin pedir permiso ni desear buen provecho al resto de los comensales, comienzan a retirarse con rumbo a las distintas habitaciones en busca de artefactos capaces de distraerlos, a saber: celulares con jueguitos, televisores, playstation, mp3, mp4, mp5, mp87, dvd portátil, pc, notebook, y otros enseres que he reconocido en las vidrieras de Garbarino pero no sé como se llaman ni para qué sirven. Sólo intuyo que con ellos también se puede jugar solo y a veces se gana y otras se pierde. Es en esas circunstancias de dispersión “post-morfem”, cuando se produce el fenómeno que origina estas palabras. Los niños comienzan a jugar, pero solos, es decir cada uno con un aparato distinto. Todos a volumen considerable.
Eso es invitar a jugar a un amiguito?? Niet. Es como entrar a un telo con tu novia (o mejor si no lo es) y masturbarte mirando el film “Guarda con el negro, que estuvo en Guantánamo”. Como un signo ilustrativo de estos tiempos de adelanto tecnológico y atraso humanista, ahí están cuatro pibes jugando sì, pero cada uno con una maquinita. Artefactos sí, libros no. Por último, como un paso ineludible antes de abordar la repartija de los niños a sus respectivos domicilios, llega la hora de la merienda. Esas galletitas no, masculla Rodri, porque me dan diarrea boba. Ahí van un platito con “Shit flakes” Ok. Facu no toma leche, salvo “Cabaña el Tereso” descremada y del lote nro. 2, tibia y con edulcorante, pero en sobrecito, el edulcorante líquido le da melancolía. Morita, que orilla los sesenta kgs. y va a segundo grado, pide Cerealitas varietales untadas con queso crema light y mermelada de malvaviscos (la mermelada abajo y el queso arriba) y jugo de maracuyá hirviendo, y Pedrín quiere chocolatada, pero sólo Nesquik, el Zucoa no se disuelve bien y le da arcadas. Andaaaaaaaaaaaá. No es cuestión de rescatar porque sí las payanas ni las bolitas, ni los picaditos con bollo de papel, ni la gratitud por la mesa servida más allá de las posibilidades económicas del anfitrión. Creo que algo se ha roto en la manera de vincularnos, y no hablo sólo de los niños. En ese pacto de no-relación tácito que se establece entre ellos, se puede ver cuánta incomunicación les demostramos como padres. Porque así como los nenes sacan los ojos y la impaciencia de mamá, el club de fútbol y el culo de papá, también arrastran una incomunicación que les viene de arriba y que ellos, a diferencia de los adultos, no saben disimular.
En otra ocasión trataremos el absurdo de contratar animadores para las fiestas de cumpleaños. Te voy a dar pelotero !!!!!! camine pa’adentro mocoso ‘e porquería !!!!!!!
Desde ya aclaro que este es un post medio emotivo, medio aputasado. Mis seguidores más fieles, que guardan esa imagen recia, varonil y superada de mí pueden dejar de leer ahora, si no quieren correr el riesgo de desilusionarse. Ah, ya están desilusionados? Nunca estuvieron ilusionados conmigo? Lo sospechaba, bueno sigamos .... En el Clarín digital de hoy leí una nota sobre el video más visto en la historia de You Tube. Se trata de una mujer que se presentó en el "American Idol" inglés. Como la mina es grandecita, desaliñada y parece medio chapa, los jurados la tomaron en joda, como se puede ver en el video. La gastaron sobre si quería ser famosa, el pueblo que vivía, etc. Y cuando la mina anunció el tema que iba a cantar pusieron cara de "mmmm, el papelón que va a hacer". Pues bien, la mujer cantó como la gran puta y terminaron todos ovacionándola de pie y los jurados llenándola de elogios. La verdad es que viendo el video me emocioné un poco. Los que hacemos este blog muchas veces las jugamos de cínicos, superados y cancheros. Y como todos, en infinidad de ocasiones prejuzgamos por la pinta, la ropa o el color de pelo de la gente. Y hoy me sentí medio hijo de puta viendo esto, porque sé que mi primera reacción hubiera sido como la de los tres forros que hacen de jurados ahí. Clikeen acá para ver la nota de Clarín con el videito, vale la pena.-
Si, estoy muy aputasado, es una pena, me divertía más cuando era un turro
Mariano
Hoy vamos a tratar un tema crucial de la vida en las grandes ciudades: los cuidadores de autos o “franelitas”. Desde hace tiempo, esta verdadera plaga azota nuestras calles. En realidad no son más que extorsionadores amateurs que nos venden “protección” como Fanucci el tipo de traje blanco que asesina Robert De Niro en “El Padrino II”. Nos piden guita a cambio de cuidar nuestro auto de rateros o vándalos. Pero lo peor es que ni siquiera cumplen su parte del trato, ya que –en caso de que alguien quiera afanarnos el auto- el cuidador sale rajando, no se que-da a defender nuestro patrimonio, gustoso de lograr luego sus 50 centavos de recompensa. No!!!! El maldito cobarde escapa, dejando nuestro rodado a merced de los malvivientes.
Existen varias clases de franelitas, he aquí los más comunes:
- EL DESGANADO: Apoyado contra un auto, el tipo nos mira subir al coche y ni siquiera se digna acercarse para recoger su propina. Nos espera en su lugar, obligándonos a frenar cuando pasamos al lado de él para darle las monedas.-
- EL SERVICIAL: Este es el opuesto del anterior. Para ganarse el mango, nos abre la puerta del auto, nos limpia el vidrio, nos regala caramelos, etc.
- EL DUEÑO DE LA CALLE: Cree ser el patrón de la cuadra y nos trata como sus siervos. No nos deja estacionar donde queremos, reserva lugares con cajones de fruta, empuja los autos para hacernos lugar, dispone de las entradas de garage, etc. Algunos inconscientes hasta le dejan el auto con las llaves y en doble fila para que lo estacione cuando se desocupe un lugar.-
- EL APRENDIZ DE MIMO: Gran gesticulador. Nos hace señas para que –supuestamente- estacionemos más fácil. Salvo que uno sea alumno de Marcel Marceau, no entiende nunca que carajo quiere decir. Mueve los brazos como molino, hace círculos con el dedo, revolea la franela, todo eso mientras nos habla. Tengo el vidrio cerrado, chabón, no te escucho!!!! - EL DIRECTOR DE TRANSITO: Pretende parar todo el tránsito de una avenida sólo porque uno va sacar su auto. Entonces se para en el medio de la calle y hace señas. Resultado: el tipo atropellado y nuestro auto –si fuimos tan ilusos de creer que los automovilistas le iban a hacer caso- directo al chapista.-
- EL ENAJENADO: O está intoxicado por la bebida u otra sustancia desconocida o directa-mente está chapa. Habla solo, luce una barba hasta el ombligo y la misma ropa todo el año. Apenas nota cuando uno estaciona o se va y las monedas que le damos se le caen al suelo.-
- EL CONFIANZUDO: Luego de que estacionamos dos veces en su cuadra, ya nos conoce, nos dice por el nombre, nos charla de futbol y hasta nos carga si pierde River (es decir, casi todos los lunes y –cuando hay Copa- los jueves). Además nos informa de las últimas novedades de la rubia del Ford Ka, el gordo de la F 100 y la concheta del Audi que estacionan en esa cuadra.-
En cual de estas categorías encuadra el franela de tu cuadra?
Marcelo
Si la memoria no me falla, quedan aún vivitos y coleando siete ex presidentes, a saber: Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Caamaño, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Descartada de plano la posibilidad de que sus respectivos velatorios tengan la dimensión y el respeto ciudadano que han tenido -sin dudas merecidamente- las exequias del Dr. Raúl Alfonsín, creo indispensable aportar ideas para que, llegado ese triste momento, se disponga desde ya de espacios físicos acordes con la estatura moral e intelectual de los respectivos occisos. Además me permito sugerir tres oradores por ceremonia:
CARLOS MENEM
Velatorio: Circo Hnos. Menem
Sepultura: Aeropuerto olivícola de Anillaco
Oradores: Firulete, Marcelo Tinelli, Ibrahim Al Ibrahim (con traductor)
FERNANDO DE LA RUA
Velatorio: Cabina telefónica
Sepultura: Finca La lenteja
Oradores: Chacho Alvarez, Marcelo Tinelli, Tu Sam.
ADOLFO RODRIGUEZ SAA
Velatorio: Sede del FMI
Sepultura: Potrero de los Rodríguez Saa (ex Funes)
Oradores: Alberto Rodríguez Saa, Esther Goris y la Turca Sesin
EDUARDO DUHALDE
Velatorio: Bingo Lomas
Sepultura: Bingo Lanús
Oradores: Chiche Duhalde, Chiche Gelblung y Chiche Soñora
NESTOR KIRCHNER
Velatorio: Ciudad Gótica
Sepultura: El Calafate
Oradores: Aníbal Fernández, Alberto Fernández y el Tití Fernández.
En el caso de los ex presidentes Caamaño y Puerta, el que primero muera será congelado hasta que lo haga el segundo y en ese momento se harán los dos velatorios juntos, con el fin de que ayudar a la ciudadanía a recordar de quienes se trataba.
Murió Raúl Alfonsín. Muchas cosas se dijeron desde ayer y se dirán en los próximos días. Más abajo Marcelo nos deja un texto excelente sobre sus sensaciones. No voy a hablar de lo que significó para los que éramos adolescentes cuando asumió la Presidencia, de la consolidación de la Democracia, del juicio a las Juntas, los planes Austral y Primavera, la hiper, las leyes de impunidad, el traslado de la Capital (te re banco en esta, Raúl!!), y otros aciertos y errores. Solamente quiero decir que el que suscribe era alfonsinista desde antes de las 8 y media de la noche de ayer. Y que me rompe soberanamente las pelotas ver a tantos hijos de puta que le hicieron la vida imposible, que lo acorralaron hasta hacerlo renunciar, ahora llorar antes las cámaras y hablar maravillas de él. Manga de turros, aunque sea por unos días guarden respetuoso silencio .... MI ABUELO AVELINOMarcelo
Mi abuelo Avelino no hablaba de polìtica. En realidad no hablaba. Ni de polìtica ni de nada. Vaya a saberse què marca infantil, què pisotòn del destino lo silenciò un lejano dìa, allà en su Galicia –porque España era para èl Galicia y poco màs. Y entonces mi abuelo, una vez descartada voluntariamente la herramienta de la palabra, se dedicò a trabajar. Y lo hizo durante setenta años. Tintero, colectivero, taxista, chofer, portero, casero de mansión. Esposo y padre. Abuelo. Hermano mayor de once gallegos, con todo lo que ello implica. Es decir un poco padre, consejero, y siempre ejemplo.
En muy pocas ocasiones interrumpiò su silencio, generalmente presionado por las circunstancias. Alguna reconvenciòn para mì o mi hermana, alguna puteada sorda ante los insectos que asolaban su quinta; en fin, alguna solicitud para mi abuela.
Mi abuelo no besaba. Como una suerte de concesiòn a la ternura, ponìa la mejilla y albergaba los labios del otro como una especie de resignaciòn, una fatalidad.
Y no lloraba, obvio es decirlo. Y no era para no parecer maricòn. Esa idea estaba fuera de su universo. No lloraba porque no. No le salìa. Aunque yo creo que lloraba para adentro. Y ese llanto le atoraba la garganta y por eso no hablaba. Y no besaba. Sòlo utilizaba la boca para dar cumplimiento a las funciones bàsicas: comer y respirar. En ese orden.
El 20 de noviembre de 1975 se le escapò una puteada un poco màs farolera. Una de alegrìa. Fue cuando se enterò por la tele que habìa muerto Franco. Acto seguido, tomò la sevillana y comenzò a sacar punta a un palito destinado a erguir acaso una planta de tomates.
Un domingo de 1983 papà lo afiliò a la UCR. Recuerdo perfectamente la escena. Mi insolvencia, e insolencia, intelectuales –sumada a una verborragia indigna del abuelo- aconsejaba a viva voz alinearse a las filas antiimperialistas de Oscar Alende (que no se vendiò hasta que se vendiò), y descartar de plano ese abogado de campo, tìpico radical (charlatàn y cagòn). Papà, en un gesto que agradezco y no olvidarè, hizo caso omiso y continuò exaltando las bondades de ese hombre que recitaba el preámbulo de la Constituciòn y, segùn su criterio –el de papà- iba a dar respuesta a los anhelos allì expresados.El abuelo escuchò atentamente –o asì pareciò- y puso la firma al pie de la ficha. En silencio, eso sì. Y un dìa de diciembre el abuelo llorò. Llorò frente a la tele mientras veìa a otro gallego subido a un auto lustroso y sin techo recorriendo las calles de Buenos Aires, sobre un mar de banderitas, boinas y sonrisas.
Y hoy que casi no quedan boinas, y mucho menos sonrisas (ni hablar de las banderitas) estoy llorando frente a la tele, màs triste de lo que jamàs hubiera imaginado en estas circunstancias. Y usted señor Alfonsìn, a usted le digo: usted es el puente entre mis làgrimas y las del abuelo. Que en paz descanse.
Estoy viejo, lo sé. Hace tiempo que lo siento así. No es exactamente un cotejo minucioso de dificultades físicas y o mentales. No. Tampoco es la lisa y llana melancolía, o esa especie de letargo que se apodera de nosotros y nos hace evaluar como ventaja el quedarse tumbado en la cama, por sobre programas otrora apetecidos.
Estoy viejo. Y adonde primero se nota es en la tolerancia. Es como si comenzáramos a dejar de producir una hormona (en este caso sería la toleraína) lo cual nos impide comprender, razonar, asimilar ciertas actitudes que, en circunstancias normales, no debieran afectarnos. Porque en realidad la intolerancia es más patente aún cuando lo que no toleramos ni siquiera roza nuestra propia vida. Por ejemplo si acaso nos produjera indignación y enojo el desastre en que se ha convertido la cara de Adriana Aguirre, o el tamaño que han alcanzado los pabellones auditivos del señor Vicepresidente de la Nación, es que estamos en presencia de aquel fenómeno que les contara más arriba.
Pero estoy viejo. Y como estoy viejo, me detengo por ejemplo en programas de televisión que hace unos años no hubiera ni siquiera sospechado que existían. Y miro poca televisión, es verdad, lo cual implica que –además- tengo mala suerte, en tanto me toca ver aquello que no tolero. Será todo el día así? Seré el único que piensa lo que piensa mientras asiste a las declaraciones de tal o cual “famoso”, entendida la fama como acumulación de escándalos, etc? Estoy viejo. Y no debiera preocuparme porque sé que es inexorable. Lo único que sabemos cuando nacemos es que vamos a envejecer –y finalmente espichar- y es para lo que menos estamos preparados. Salvo Benjamin Button y Nacha Guevara, pero ese es otro gritar. Y basta de introito.
Pregunto: Por qué San Patricio? Por qué aquí? Por qué así? Por qué tanta difusión? Por qué tanto revuelo?
Estoy viejo. Y entonces, cuando ya me entregué a convivir con los festejos de Halloween o San Valentín, me traen ooooooooootra fiesta absolutamente ajena, tan ajena como esa asombrosa y pujante tierra de Irlanda de donde proviene.
Y aquí voy a detenerme un instante para decir que apelaré a un sentimiento de argentinidad y de latinoamericanismo que sé que fácilmente puede confundirse con chauvinismo, cuando no con ese tufo nazionalista que enarbolan constantemente los tradicionalistas y capangas de lo patriótico. Hago la aclaración que prefiero a Peter Gabriel por sobre Sergio Denis, a U2 sobre Los Piojos, a Manhattan Transfer por sobre Los Tucu Tucu, y siguen las firmas, con lo cual quiero expresar que la pertenencia territorial no es para mí un sinónimo de calidad, ni nada que se le parezca. Es decir, la calidad y la sensibilidad no son artículos regionales. Para eso están el salame casero, los ponchos y el dulce de leche.
Pero -y aquí se viene el centro de la cosa-, creo que las tradiciones y festividades populares argentinas sì debieran exponerse en primer plano, desde la escuela primaria y si es posible antes. El tantanakuy, el carnaval coya, nos pertenecen, aunque no lo sospechemos siquiera. Pero no son fiestas glamorosas. Eso es verdad. Las practican pueblos en derrota perpetua, feos de toda fealdad, morochos de mirada desafiante, ejecutando músicas mínimas y “tristes”, niños descalzos y mujeres que pareciera que han nacido embarazadas. Y mientras tanto, estamos condenados a observar fiestas que no entendemos porqué se realizan, ni en memoria de quién, de dónde vienen ni adónde van. Tienen, eso sí, un gustito comercial y jaranero –en ese orden- que explica tamaño alboroto tilingo. Porque es un festejo tilingo, entendido el asunto como jornada de alegría obligatoria, alboroto políticamente correcto y derecho de admisión. No hay morochitos de ingesta dudosa, ni casacas de equipos de primera “C”. Es en realidad una peña ramal Pilar.
Me imagino a un indio araucano parado en el centro de Dublín cantando una copla y bebiendo chicha o algún copetín de similar contundencia y efecto, y trato de representarme la cara de los dublinenses (se dirá así??). Y pienso más, y ahí está la diferencia: creo que algunos observadores bajarán libros, preguntarán porqué esa ropa, porqué esa bebida, porqué esas facciones. Cómo, de dónde, etc. Y es ahí donde la artesanía u observación de lo silvestre se vuelve ritual en cada uno; en el protagonista y en el espectador.
“Los ritos son necesarios”, reza esa monumental obra literaria que es El Principito. Pobre San Patricio, si se enterase de que por estas pampas su legado es evocado con total desprecio por lo ritual y con estruendoso apego por el descontrol “for export” que pregonan estos impresentables yuppies que aspiran a pertenecer a algo, no importa qué, cómo ni porqué. Sólo mascullan “todo bien”. Y eso parece que –en estos tiempos- se parece bastante a pertenecer.
Mariano El amargo de Riquelme volvió a renunciar a la Selección. Vamos carajo!!! Es un día de fiesta para este blog. Román, dejate de joder. No podés ser tan malcriado y llorón. Tu mamá otra vez se puso mal por las críticas? O por haber visto Futbol de Primera y ver que no corrés una bola? O quizás esté mal porque no te quiere nadie, todos tus compañeros hablan mal de vos. Te fuiste ... muchas gracias. Te mandamos una postal desde Sudáfrica, con un elefantito en la foto, para que sigas poniendo trompa cada vez que alguien no hace lo que vos querés.-